Miedo | Mondarizate
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Miedo

A los 31 años de edad, a causa de un mal estar general, decidí acudir al médico. Tras un análisis me diagnosticaron, P.T.I. o Púrpura Trombocitopénica Idiopática, una enfermedad en la sangre que provoca la destrucción de las plaquetas por parte del cuerpo.  

Estuve 3 meses con un tratamiento a base de corticoides sin mucha efectividad. Los médicos decidieron prorrogar un mes más la medicación, con la condición de que, si los resultados no mejoraban, tendrían que extirparme el bazo. Tenía fe en el tratamiento. Estaba convencido. En ningún momento pensé en la segunda opción, pero pasó ese mes y la mala noticia me exploto en la cara: tenían que extirparme el bazo. En el momento de la noticia se me nublo la vista y me invadió el pánico. En ese instante cerré los ojos y dejé de oír. Mi mente solo pensaba en lo peor, perdí la fe, eso tampoco funcionaría…

Cuando abrí los ojos y levanté la cabeza me topé con los semblantes serios y preocupados del enfermero y del hematólogo. Su expresión acrecentaba mi angustia, lo que significaba, que estaban conmigo al 100×100. Sin pensarlo mucho les dije: hagámoslo ya.

Desde aquel instante, comenzaron a prepararlo todo. Me sometería una técnica nueva llamada esplenectomía laparoscópica, realizada en España con éxito una única vez.  Todo saldrá bien, me dijeron.

En menos de un mes estaba en el quirófano. Tras despertarme no podía quitarme una fatídica idea de la cabeza. Estaba mal.

A la mañana siguiente vino a visitarme el jefe de cirugía. ¿Qué haces acostado?, me dijo. Levántate y ve a ducharte. Le contesté que no podía y se echo a reír. Me ayudaron a levantarme, di unos pocos pasos… no note nada diferente al día anterior, no sentía nada malo. Además, ¡las plaquetas se habían disparado!

Cuando me dieron el alta no me recetaron ninguna medicación. Solo vida sana y equilibrada. De esto hace ya 13 años.

Ahora ya no tengo miedo. No permitiré que vuelva a angustiarme de esa forma.  Y por supuesto ten fe en la gente. Siempre le agradeceré a mi hematólogo su buen hacer en mi enfermedad y, sobre todo, por el acercamiento que me mostró en todo momento, aconsejándome y animándome a no derrumbarme. La vida es el mejor regalo y debemos aprovecharla todo lo que podamos.

Fdo. Julio

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